VIVIENDA URBANA Y SERVICIOS BÁSICOS

Hablar de vivienda, en un contexto de mejoramiento de las políticas habitacionales, significa hablar de vivienda adecuada; es decir, una que requiere atender las dimensiones de seguridad en la tenencia, disponibilidad de servicios, materialidad, instalación, infraestructura, asequibilidad, habitabilidad y adecuación de la solución al contexto cultural, urbano y socioeconómico (onu, 2012; cepal, 1995; 2002). Aspectos como la disponibilidad de servicios o la infraestructura que rodea a la vivienda están definidos por la planificación urbana. Entonces, hablar de políticas habitacionales es también hablar de políticas de equipamiento a nivel de conjunto y estándares de equidad urbana, pues para efectos prácticos una vivienda adecuada debe al menos estar bien localizada y contar con buena infraestructura y servicios (cchc, 2013).

 

Un primer obstáculo al principio de vivienda adecuada es la disociación entre políticas habitacionales y planificación urbana. Por ejemplo, en el caso chileno, se ha favorecido históricamente la primera en desmedro de la segunda, que ha estado en manos de los gobiernos locales. En las ciudades de lac se ha visto que una pobre planificación urbana y conducción Estatal respecto de la integración de la vivienda económica en la ocupación de suelo urbano, ha impulsado la especulación y encarecimiento artificial de sitios bien ubicados para la construcción de viviendas sociales, tendiendo ésta a ser expulsada de las grandes ciudades. (Arriagada y Simioni, 2001; Gobierno Regional Metropolitano, 2017; Cortínez y Arriagada, 2010, midesol, 2016).

 

Un segundo obstáculo se relaciona con las altas tasas de informalidad de América Latina y el Caribe (lac). Muchos pobladores más vulnerables, como migrantes, indigentes, están excluidos social y económicamente del resto de la sociedad, viéndose forzados a localizarse en zonas donde no existen condiciones adecuadas para el asentamiento humano. Lugares ambientalmente degradados o riesgosos, pero con buena accesibilidad urbana como bordes de carreteras, ríos o quebradas, para acceder así a las oporunidades laborales que conlleva vivir en la ciudad. Se calcula que casi un cuarto de la población de lac habita en viviendas marginales, muchas de las cuales carecen de conexión a las redes de agua potable o alcantarillado; además, tienen nula seguridad de tenencia – por lo que pueden ser desalojados en cualquier minuto – y un porcentaje importante son niños (Kaztman, 2011; cepal, 1995).

 

El tercer gran obstáculo para la provisión de vivienda adecuada se relaciona con el deterioro del parque habitacional existente, agravado por la insuficiente oferta de fondos y programas de mejoramiento habitacional (Álvarez, 2003; Rodríguez y Sugranyes, 2004). Se diferencia sin embargo el deterioro de viviendas que fueron diseñadas con una superficie mínima en áreas uniformemente pobres, de aquellas que fueron creadas durante el proceso de industrialización y migración urbano- rural de los años 60 y 70, que están bien localizadas dentro de la ciudad. Por otra parte, estudios sobre Brasil y México (Arriagada, 2005) y para Chile (minvu, 2002), han mostrado un aumento del déficit habitacional en las grandes urbes debido al alza en el número de familias allegadas dependientes que ocupan este tipo de viviendas; esto es, familias que habitan viviendas con materialidad deficitaria y en condición de hacinamiento.