ECONOMÍA URBANA

Las ciudades, que concentran capital humano y generan efectos de escala y aglomeración,  son un motor para las actividades económicas. En las ciudades tiende a aumentar la productividad y la capacidad innovadora. De hecho se ha demostrado una coincidencia espacio/temporal de los procesos de urbanización con el desarrollo económico. Una economía sustentable sienta sus bases en ingresos, tanto de personas como de agentes públicos, lo cual a su vez permite desarrollo y crecimiento urbano.

 

La agenda de Hábitat, en cuanto a la economía urbana se refiere, se enfoca en tres grandes áreas temáticas: empleo, informalidad y estrategias de desarrollo económico local.


El empleo conecta la dimensión social con el desarrollo económico. Es esencial para dinamizar la economía. El desafío que enfrentamos es crear más empleo y de calidad: bien remunerado y estable. Para lograrlo se requiere agregar valor al empleo. En economías desarrolladas esto está ligado con la mayor sofisticación de las actividades económicas en las ciudades y en sus regiones, creando y promoviendo sistemas de innovación como base del desarrollo urbano y regional (Gordon y McCann, 2005). Sin embargo, en economías en vías de desarrollo la mayor parte del empleo urbano aún se asocia a servicios provenientes de personas de menor nivel de educación, baja remuneración y bajo valor agregado. Para el desarrollo económico urbano sostenible es necesario que estos sectores también provean seguridad laboral y generen una base estable de la economía local.

 

La informalidad de las actividades económicas y el empleo es un fenómeno marcado en las ciudades de Latino América y el Caribe, visualizándose como un ingrediente que acompaña a la pobreza urbana. Un alto porcentaje de los empleados se encuentra en condiciones laborales que no ofrecen protección social o regulación laboral y, además, en su mayoría no permiten generar ingreso mucho más allá de subsistir (cepal, Minurvi, un Habitat 2016). La informalidad, en parte, se puede relacionar también con los marcos normativos gubernamentales cuando estos resultan excluyentes, creando un incentivo a permanecer en el sistema económico de forma oscura, incluso realizando actividades ilícitas. Adicionalmente, la informalidad laboral también se puede interpretar como resultado de un deficiente modelo de generación de capital humano, que orienta a la población hacia actividades de reducido valor agregado que difícilmente pueden hacer frente a obligaciones legales o a competencia externa y doméstica. En consecuencia, si la economía no logra generar empleo en cantidad y calidad suficiente, esto lleva a sectores de la población a trabajar y vivir en la informalidad.

 

Tanto el empleo insuficiente, que lleva a potenciar la informalidad, como un marco institucional que no logra dar los incentivos adecuados, justifican la necesidad de diseñar estrategias de desarrollo económico local en áreas urbanas y en sus regiones y crear mecanismos de inclusión, tales como:

  • — procesos de desarrollo de capital humano que potencien capacidades y habilidades técnicas y creativas;
  • —  marcos fiscales que incorporen actividades a la formalidad en sectores de mayor generación de valor;
  • —  e inversión en infraestructura física y tecnológica.

 

Por ende, la identificación de posibilidades de diversificación económica, la creación de oferta de una amplia gama de servicios y empleos de distinto nivel de sofisticación y el fomento de actividades productivas que valoricen los recursos locales, son elementos clave para un desarrollo económico local sostenible e inclusivo. En las localidades urbanas se debe poner especial énfasis en los sectores creativos y de innovación, ya que estos tienden a aglomerarse, convirtiendo a las ciudades en verdaderas incubadoras tanto de sistemas de innovación como de sectores asociados al desarrollo tecnológico. Las ventajas de la proximidad geográfica entre empresas parecidas son de diversa índole, destacando los flujos de información, mano de obra calificada y conocimiento técnico, entre otros beneficios (Porter, 1998; Capó et al., 2007).

 

Además, es importante reconocer el papel clave que tiene la educación en la búsqueda de diversificación e innovación para obtener valor agregado y mayor productividad. La sofisticación económica, a su vez, permite atender algunos aspectos de resiliencia económica, al crear una economía más diversificada. De este modo, las ciudades se pueden transformar en incubadoras de innovación, creatividad y talento, así como en motores del desarrollo económico (Minondo, 2015). Sin embargo, esto se da más en ciudades de mayor tamaño, por economías de escala y aglomeración, cuya competitividad puede resultar perjudicial para ciudades menores.

Lo anterior atiende los aspectos de mercado; sin embargo, es importante recalcar la importancia de evitar que el mercado domine la estrategia de desarrollo, dado que la sumatoria de decisiones empresariales e individuales racionales puede significar que las actividades económicas en la ciudad se orienten hacia modelos no sostenibles a futuro, afectando la calidad de vida de su población.

En cuanto a los compromisos que se formulan como resultado de la nueva agenda destacan entre otros:

  • —  el fomento al dinamismo económico, basado en los recursos y oportunidades locales, y guiado por la imagen de consumo y producción sostenible (Art. 45);
  • —  el fomento de las instituciones y el diálogo entre múltiples agentes para apoyar el desarrollo económico (Art. 47 y 48);
  • — el reconocimiento de los vínculos entre el espacio urbano y su entorno, y el cuidado de los recursos para permitir un desarrollo sostenible
  • (Art 49 y 50);
  • —  el reconocimiento del papel del ordenamiento territorial y la formulación de planes estratégicos (Art. 51 y 52);
  • — el interés por el empleo pleno (Art. 57);
  • — el compromiso al fomento de la actividad empresarial, la innovación, inversión y la iniciativa empresarial, particularmente local y de tamaño pequeño y mediano (Art. 58).